Estoy hasta los cojones de todo. Hasta los cojones de ser el puto tonto del pueblo, hasta los cojones de no encontrar mi lugar, hasta los cojones de esforzarme por hacer las cosas bien y que nunca acierte, hasta los cojones de entender a todo el mundo siempre y permitir que valga todo para que luego no se me permita nada, hasta los cojones de tener cara de culo aunque me empeñe en no tenerla, hasta los cojones de esta puta muerte en vida que siento. Hasta los putos cojones de mí.
A eso sumémosle no sólo que no puedo tener lo que quiero, sino que ni siquiera puedo conservar lo que antes tuve, no puedo más que ver cómo la amistad que nunca quise perder está más lejos que antes incluso de habernos conocido, probablemente por mis propios deméritos. ¿También me he cargado eso? ¿Realmente voy a tener que arrepentirme de haber intentado ser feliz? ¿Tan caro me tiene que salir siempre todo?. Estoy harto de todo esto, harto.
Harto también de que todo se haya complicado hasta tal punto que no puedo hablar con nadie de nada, porque hable con quien hable siempre le fallo a otra persona. Harto de que siempre se me mire como si fuera un asesino si doy una opinión mínimamente comprometida de algo o de alguien y sin embargo tener que encajar siempre con una puta sonrisa en la boca todas las auténticas salvajadas que he tenido siempre que escuchar porque los demás sí tienen derecho a decirlas. Harto de que se me malinterprete cualquier cosa que haga, por muy buena intención que tenga, hasta el punto de que la gente ya no sepa si voy o si vengo, si soy sincero y desinteresado, si lo hago por llamar la atención, por colgarme o que me cuelguen medallas, por ir de víctima por el mundo, o si hago todas las cosas por cobrármelo más adelante o poder echarlas en cara el día más propicio. Harto de pensar siempre en los pensamientos y sentimientos de los demás, en respetarlos todo lo que pueda y que a nadie parezca importarle los míos, ni siquiera a mí. Harto de luchar para que todo vaya en la dirección correcta y no sólo salga en sentido contrario, sino que además compruebe que todos mis esfuerzos han generado ese cambio de sentido. Harto de tragar mierda continuamente para que los demás puedan estar mejor y que no me importe. Harto de sentir que sobro siempre, harto de pensar que soy totalmente prescindible. Harto de defender con uñas y dientes a la gente a la que quiero para sólo conseguir quedarme sin dentadura y en muñones y además parecer o demostrar que soy un auténtico gilipollas, mientras que nadie tiene interés en defenderme a mí. Harto de cuidar en extremo la lealtad hacia las personas que confían en mí, protegiéndola como un verdadero tesoro, como si fuese el único imbécil al que le importan esas cosas. Harto de ser de los pocos a los que le parece sumamente importante perder a alguien, y que si ese alguien merece la pena, se hace merecedor de que se sufra y se luche para mantenerle cerca en vez de tenderle un puente de plata y mirar hacia otro lado porque es más sencillo. Harto de ser el único que parece pensar que querer a alguien no tiene por qué significar que esa persona es perfecta y que todo lo que hace está genial, sino que la opinión y el juicio son necesarios y no así la sentencia y la imposición de condena. Harto de verme obligado a hacer cosas que me alejan de la gente que quiero y que me aislan física, mental y sentimentalmente y que nadie se dé cuenta. Harto de levantarme sólo para comprobar lo fácil que me vuelvo a caer. Harto de tener que hacer siempre lo que debo, aunque sea lo contrario a lo que quiero. Harto de recibir de mucha gente lástima e hipocresía cuando estoy mal, mientras lo que espero es sinceridad y apoyo. Harto de sentirme solo, de estar solo y de pensar que es mejor para todos que esté solo. Toda la puta vida igual, viviendo todas estas cosas a lo largo de mi existencia y que seguramente ocultan mucho más. Y lo peor de todo es que me lo tengo merecido, que me lo he ganado a pulso, seguro, porque si hay un culpable de algo siempre acabo siendo yo, el marido de la culpa, que decían que era sotera porque nadie la quería.
¿Qué es lo que hago mal? ¿Por qué no soy merecedor de nada? ¿Tan poco valgo? ¿Dónde puedo encontrar las respuestas? Si hay alguien que las tiene, ¿por qué no me las da de una puta vez, aunque no me guste oirlas? ¿Acaso esa valentía sólo le corresponde a unos pocos? Y lo más gracioso es que no me sale ser un hijo de puta insensible, porque soy incapaz de disfrutar haciéndole daño a los demás, de modo que al final acabo haciéndolo sin intención y sufriendo por ello.
Estoy harto de estar hasta los cojones, y hasta los cojones de estar harto. Quiero volver a ser feliz, joder, si no, no merece la pena, no merezco la pena. Seguramente este exilio no sea suficiente, debería exiliarme definitivamente de la vida, y así todos serían inmensamente más felices. Qué mierda que se me haya acabado el roacutan. A ver si en vez de bajarme la fiebre se me dispara de una puta vez, aunque eso sí, tal y como ocurre habitualmente, se me disparará y saldrá el tiro por la culata.
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