domingo, 6 de enero de 2008

Día de reyes, no de emperadores

Me preparo para irme de nuevo al exilio, con la pena instalada en mi corazón, pero con la ilusión (no sé si real o no) de que todo lo ocurrido ha de servirme en un futuro, de que he perdido cosas fundamentales para mí en este momento, pero con la esperanza de que lo básico aún exista.

Dejo a mis espaldas muchas vivencias, alguna ilusión, dolor en el alma, miedos, amarguras, errores, confusión, algunas grandes personas y muchos, muchos sentimientos. Y conmigo me llevo los recuerdos de todo, que seguramente me acompañarán toda mi vida, y ganas de que mis ojos comiencen a ver algo de luz para que mis pasos no vacilen continuamente, para que la dirección y el sentido de los mismos no sean totalmente aleatorios.

Hace unos meses tomé una decisión, algo que desde entonces ha marcado el devenir de mi vida, y aunque creí encontrar el bálsamo que podría curar la herida que generé, lo hice demasiado tarde para evitar la muerte de mi felicidad y la pérdida de mi mayor ilusión; página pasada, capítulo acabado. Me guste o no he de aceptar todas las consecuencias que de mi exilio se derivan. Por ahora no existe consecuencia positiva alguna, pero quizás deba esforzarme en encontrarlas o en crearlas.

Ahora estoy triste, muy triste por volver a irme. Lo haré sin despedirme, en silencio, porque ya he hecho demasiado estruendo todos estos días. Me voy con el pensamiento de que le he fallado a mucha gente, de que podía haber hecho las cosas de un modo más correcto, más justo; me voy sintiendo que haciéndolo repito un error del pasado, pero quizás sea mejor para todos. Supongo que eso sólo lo sabré en un futuro.

Y también me voy agradecido. Agradecido a aquellos que estuvieron ahí, que incluso se esforzaron por estar, aquellos que a pesar de todo quisieron hacerme sentir mejor, y también a quien no le importó responder de forma sincera a mis dudas. Gracias a todos y a todas, por quererme a pesar de mí. Hoy es vuestro día, mis reyes y mis reinas. Los tiempos de los emperadores hace tiempo que acabaron.

Ésta es una despedida especial, la dedicada a mi reina morá, de la que nunca querría haberme despedido. Te he amado desde que te conocí, de muchas maneras diferentes y por muchas y variadas razones. Ayer te quise con amor de amigo, hasta hoy te he querido con amor desmedido, ¿Y mañana? Sé que también te querré, al menos como lo hice ayer. Ahora me voy, y aunque conozco el significado que para ti posee la distancia, ¿me querrás tú a mí mañana como lo hiciste ayer, o te habré perdido totalmente para siempre?

No hay comentarios: