martes, 29 de enero de 2008

Finde de jamoncito, salmorejo, Diego y sus putes

Fin de semana totalmente diferente.

Viaje al sur del exilio, no al norte como suele ser habitual, compañía inédita, vehículo de lujo y primer destino mi anterior exilio.

Cena "de papu" para los 4 sin haber sido previamente invitados, copas en el pub de siempre escuchando la final de un concurso de monólogos mientras charlamos con dos amigas del antiguo exilio y decisión de cambio de destino para el día siguiente, aún más al sur y con la posibilidad de que dos nuevos componentes se agreguen al viaje. Obtengo además una invitación formal a los carnavales de Badajoz. Ver veremos.

Dormir acompañado en la habitación, pero en camas separadas y con alguien que creo tiene cierto interés en mí llega a completar éste primer día como una experiencia muy extraña.

Sábado en Córdoba, comemos y bebemos varias veces en varios sitios distintos (sin poder faltar el jamoncito, el salmorejo y el finito) y quedamos con nuestra encantadora "anfitriona", que nos cede amablemente su casa para los 4 mientras ella ocupa plaza en casa de sus figuras paternas. Cómo no, de nuevo compartiré habitación con la misma persona que el día anterior. Visita a una gran feria medieval en la que degustamos productos tradicionales... de mi tierra (increíble, pero cierto) y me quedo con ganas de conseguir un nuevo collar de cuero para mi dragón protector, jubilando así el cutre cordón de zapatilla deportiva que rodea mi cuello interinamente, así como algún anillo chulo de plata y/o unos guantes de lana negros sin dedales, para poder fumar sin chupar tan incómoda textura textil. Cita con otra de mis compañeras de exilio del año pasado, la más rica de todas ellas, junto con su marido y su recién nacida, y visita a la tetería de los baños árabes, a fumarnos una cachimba de manzana mientras obtengo fotografías sueltas de cada momento salvo la de la niña de la danza del vientre, a la que no parezco llamarle la atención (qué pena, aunque cási mejor, porque tiene pinta de ser menor de edad). Luego cena de picoteo (en un formato que no conocía de origen vasco, algo original aunque un poco caro) y copazos hasta la madrugada, conociendo a otros amigos de nuestra "anfitriona" y de mi compañía de habitación.

Nos levantamos temprano mi compañía de cuarto y yo para ir duchándonos y recogiendo, y mientras los otros dos se duchan bajamos a tomarnos un café. Charla animada, tranquila y sosegada sobre temas trascendentales (vamos, para conocernos mejor) y vuelta al piso a recoger a la otra pareja, sin olvidar los recuerdos que Diego, que nos ha acompañado en espíritu durante todo el viaje, ha dejado en un espejo empañado y que ahora es gritado por la ventana del edificio, al igual que ha sido mentado por todos los excursionistas durante todo el viaje.

Aquel que no sepa de qué hablo, que escuche el siguiente corte:


Opíparo desayuno los 4 ya con nuestra "anfitriona", despedida y vuelta al centro de Córdoba a despedirnos también del jamoncito, el salmorejo y el fino, antes de perder el coche y hablar dos veces con una rumana que suplantó la personalidad y el número de teléfono de uno de nosotros. Dura decisión la de no volvernos totalmente irresponsables y acabar escapándonos a los carnavales de Cádiz y vuelta a mi actual exilio, cambiando a mitad de camino a uno de nuestros componentes por la niña más rica del reino en el que estoy.

Esto es, en resumen, la crónica de un gran fin de semana, empañado únicamente por la certeza de que en el disfrute perdí la magia que me permitía haber estado en el sitio adecuado en el momento preciso para apoyar como en otras ocasiones a alguien de otra de mis familias. Ojalá hubieras podido venir tú con nosotros; tengo la impresión de que podría haberte parecido bastante mágico y curativo para el alma y la mente.

domingo, 20 de enero de 2008

Retratos

Hoy ha sido un día muy complejo y lleno de retratos.

Comenzó con la resaca del ataque de pánico de ayer, cuando volví a sentir esa sensación extraña que siento cada vez que alguien cercano a mí no está bien. Dos personas cercanas a mí no estaban bien, pero parece que no fue tan grave como las últimas veces, aunque temo que este tema no haya acabado aquí, aún falta la gente de mi exilio. Curioso que con lo excéptico que soy tema esas sensaciones, quizás porque son mías, porque por suerte las tengo muy de vez en cuando y porque hasta ahora nunca han fallado.

Noche de nuevo de poco dormir y mal despertar. Corriendo para encontrarme con mi hermano y el resto de la familia, a comer y reencuentro con mi sobrina. Una sensación de ánimo me invade, aunque tengo la paciencia necesaria para esperar a que esté despierta. Tarde de compras y de detalles contradictorios, en los que disfruto de darle de comer a mi sobrina por primera vez, mientras tengo que defender de nuevo a la gente que ha ocupado mi vida de opiniones lógicas de tener desde fuera. Demasiado habitual últimamente, parece que me pase la vida haciéndolo y ejerciendo de abogado defensor de casi todo el mundo frente al conjunto de fiscales que conforman el resto de mi universo. Lo que no saben todos es que, aunque comprenda que sus opiniones sólo buscan animarme y/o hacerme abrir los ojos, yo los tengo abiertos desde hace tiempo y he visto mucho más que ellos en las almas de las personas a las que se refieren. Sé que no son perfectos, ni mucho menos, y menos mal, porque entonces no valdrían tanto ni tendrían tanto mérito en todo lo que les hace especiales para mí, que es tanto lo bueno como lo menos bueno. Mi única frustración es no poder hacer partícipes de mis sentimientos de alegría, de ternura y de cariño hacia esta pequeña criatura que sostengo entre mis brazos a mis otras familias, ésas que me rodean y me acompañan como ellos en estos momentos de mi vida. Lo deseo con todas mis fuerzas, quiero presentarles a todos a mi sobrina en persona, y no sólo por fotografías, sobre todo a algún componente específico de algún núcleo familiar, aún cuando sé que no le gustan los críos. Mi mente fantasea como siempre con crear la situación más propicia y más especial para tan importante encuentro cuando mi hermano, ajeno a mis pensamientos e incrédulo de que me empecine en no abrir los ojos tal y como él los tiene abiertos, me pide entre risas y para quitar hierro al asunto que como no ha habido presentación oficial, le muestre al menos una fotografía de susodicha persona, convencido de que tiene que tener un físico impresionante para haberme impactado de tal forma que mi razón haya sido totalmente anulada y no afirme con rotundidad que tiene razón en sus insinuaciones.

Curiosa coincidencia. Esta mañana, mientras revisaba fotografías guardadas de mi anterior exilio encontré unas fotos de unas cuantas fiestas a las que no pude acudir por estar lejos, como siempre, y que me habían llegado en su día para que participara virtualmente de dichos momentos. Cómo ha cambiado todo, cuánto han girado nuestras vidas en tan poco espacio de tiempo. Durante un breve pero intenso momento los retratos pesaron sobre mí como una gigantesca losa, mientras dos antiguas amigas se besaban en los labios, mientras todos comían y jugaban con piruletas de fresa, mientras la familia parecía no parar nunca de crecer, mientras alguien aún llevaba consigo a la luna llena para que le sirviese de compañía y protección... No recordaba las fotos, no me esperaba encontrarlas ahí, así.

No hay fotos, le dije, en las que encuentres tanta belleza como la que yo he visto y he tenido el placer de conocer. Es demasiado complejo, nos costaría demasiado esfuerzo ponernos de acuerdo, tendría que contarte mil y una historias, tú tendrías que creerme y desperdiciaríamos este momento. Como siempre, pensé, dejaré que cada uno piense y juzgue lo que le parezca más conveniente, toda vez que mi posición ha quedado definida aunque no explicada, y tomaré nota de nuevo de las conversaciones y los temas a evitar en un futuro. Tantos tengo ya que me corroen las entrañas que algún día moriré de úlcera si no me mata antes el tabaco, el alcohol o la carretera. Qué facil me resulta hablar de mí, y qué difícil encontrar a alguien con quien hablar con la confianza suficiente de los demás. La lealtad tiene siempre un precio.

Y acabo el día disfrutando todo lo posible de los pequeños detalles de este breve encuentro que tendrán que suplir de nuevo el vacío que sentiré en el alma cuando mañana vuelva de nuevo a mi exilio, aunque sintiéndome culpable por no haberme rodeado también de mis otras familias. No quiero perderme nada del crecimiento de la enana, pero hace demasiado tiempo que sé y que compruebo fehacientemente que desearlo no es suficiente, que a veces no se puede estar con las personas que uno quiere y punto.

Mañana intentaré sacar fotografías de mi sobrina y del resto de esta familia antes de irme. A todos ellos, y al resto de mis familias les dedico hoy esta canción, porque no os hacéis ni la más mínima idea de cuánto os quiero, de cuánto os echo de menos y de cuán importantes sois para mí.


jueves, 17 de enero de 2008

Rutina

Mal día el de ayer. Desde la mañana hasta bien avanzada la noche. Dormir poco, descansar apenas nada y tener sueños incómodos no permiten empezar bien el día. Llegar tarde al trabajo y sin duchar, tampoco. Discutir con los alumnos de todos los cursos da por finalizada una mañana para olvidar. Cervezas en la Década después de la clase con un tercio de la compañía habitual y a casa medio borracho, cansado y con malestar generalizado. Me acuesto sin comer nada y no hago otra cosa que tener de nuevo pesadillas. Me levanto a duras penas para ir a bádminton, obligándome a hacer algo en vez de quedarme el resto del día en la cama. Fin del badminton, y de nuevo cervezas y tabaco, exigiéndome no volver a casa y socializarme. Es inútil, llevo todo el día añorando cosas que aquí no consigo suplir. Hablo con mi ex, manteniendo nuestra amistad, pero no es ésa la amistad que más echo de menos. De entre todas me falta una que genera casi toda esta melancolía. Hay gente que no pierde esas cosas, y me alegro enormemente por ellos, seguramente se lo habrán ganado, se lo habrán merecido mucho más que yo. Pienso en llamar, pero... ¿para qué? ¿qué contarle, qué decirle, qué preguntarle? La distancia y la rutina acabarán matándolo todo.
Hoy, de nuevo pesadillas y al trabajo tarde y sin duchar. Odio esta rutina.

martes, 15 de enero de 2008

Vive la vida

Vive la vida. Vívela en la calle
y en el siliencio de tu biblioteca.
Vívela con los demás, que son las únicas
pistas que tienes para conocerte.
Vive la vida en esos barrios pobres
hechos para la droga o el desahucio
y en los grises palacios de los ricos.
Vive la vida con sus alegrías
incomprensibles, con sus decepciones
(casi siempre excesivas), con su vértigo.
Vivela en madrugadas infelices
o en mañanas gloriosas, a caballo
por ciudades en ruinas o por selvas
contaminadas o por paraísos,
sin mirar hacia atrás.
Vive la vida.

(LUIS ALBERTO DE CUENCA
<Por fuertes y fronteras>)

viernes, 11 de enero de 2008

Confirmaciones de mi coco

Al menos sé que no era por miedo a estar solo, a vivir solo.


lunes, 7 de enero de 2008

Homenaje a su cuerpo más amado y admirado


Hace unos meses conocí a un chico que había recorrido mundo de mochilero. Había estado en China, en Polonia, en Ucrania... y me contó que en ésta última había hecho una visita a Chernobil. En ella vió un monumento dedicado a un grupo de bomberos, aunque existen muchos otros a lo largo de toda la línea de países alrededor de la tristemente conocida central nuclear. Esta historia, que ahora documento con fragmentos de informaciones de prensa recogidos en internet, me habría gustado contársela a alguien, pero sería tan bella como triste para dicha persona, y además no sé si algún día tendré la oportunidad de hacerlo. Por ahora la dejaré aquí, a la espera de que esa oportunidad se produzca, para que no caiga en el olvido.

"...Como sabéis, el día 26 de Abril de 1986 Bielorrusia fue la parte más contaminada por el desastre de la Central Nuclear de Chernobil, que se puede comparar con el lanzamiento de 500 BOMBAS ATÓMICAS. Los primeros muertos tras el desastre fueron 29 bomberos que están enterrados en el cementerio de Mitinskoie de Moscú..."

"...Aquel sábado de 1986, tras el estallido y el incendio se llamó primero a los bomberos quienes, al precio de sus vidas, evitaron que el desastre alcanzara el reactor 3. Hoy en la entrada a Chernobyl, un monumento sencillo los recuerda..."

"Bueno, el bus llega a la ciudad de Chornobyl. Ustedes encontrarán esta palabra escrita de otra manera: Chernobyl. Es porque está transliterada del ruso. El nombre en ucraniano significa “ajenjo” que en la tradición ucraniana siempre simbolizaba la desgracia, la amargura. Es como si el que puso este nombre a la población supiera el destino que le tocaría.


En la entrada de la ciudad los recibe este monumento a los primeros bomberos que dieron sus vidas para proteger a todo el mundo de la tragedia. 28 personas-héroes murieron pocos días después de tratar de luchar contra el accidente... "

"...Los bomberos quedaron a merced de la radiación
Miles de bomberos y soldados que arriesgaron sus vidas para sofocar el incendio en la central nuclear ucraniana de Chernóbil rememoran la catástrofe "olvidados" por las autoridades.
"En Ucrania, en esa época del año ya hace bastante calor, por lo que fuimos a apagar el fuego en mangas de camisa", declaró Víctor Birkún, de 56 años, bombero que trabajó en la siniestrada central ucraniana entre 1976 y 1987.
Birkún y otros 27 bomberos descansaban en un barracón a 150 metros del reactor número cuatro de la planta nuclear ucraniana cuando se produjo la cadena de explosiones.
A pesar de que el fatídico accidente ocurrió durante la noche, apunta, "en tres minutos ya estábamos frente a las llamas, que tenían unos 50 metros de altura".
"Eramos conscientes de que había radiación, pero no sabíamos qué hacer. No estábamos preparados y no disponíamos ni de cascos ni de equipos ignífugos", agregó.
Birkún recuerda que tres años antes hubo una pequeña fuga radiactiva en Chernóbil, que afectó a uno de sus compañeros, pero " ignoraron nuestras advertencias".
El jefe de su unidad de bomberos murió en la misma central de Chernóbil, la mayoría de sus compañeros han fallecido en los últimos años y él yace estos días en el hospital, con tratamiento médico (40 dólares diarios) que costea de su bolsillo.
"No soy ningún héroe, cumplí con mi deber. Ahora, no puedo ni llevar las bolsas de la compra del supermercado, las piernas no me responden", asegura el bombero retirado.
Birkún, que ha tenido que acudir a juicio para poder recibir una pensión por invalidez, ha escrito al presidente ruso, Vladimir Putin, para intentar que el Estado ruso sufrague su tratamiento médico.
"No tengo dinero ni para comprar nuevos muebles. La condecoración que recibí en su momento no me da derecho a recibir ninguna indemnización", asegura..."

"...Madrugada, sábado 26 de abril de 1986, 01.23 horas. Explosiones en cadena en el cuarto reactor de la central de Chernóbil. Un experimento, que simula el corte en el suministro eléctrico, provoca el mayor accidente nuclear de la Historia. Error humano: los operadores violan hasta seis normativas de seguridad. El agua de refrigeración comienza a hervir desde su base, se evapora y estalla el hidrógeno acumulado dentro del núcleo. Vuela la tapa del reactor, que pesa mil toneladas. El núcleo arde al rojo vivo. La temperatura alcanza 2.500 grados. Veintiocho bomberos evitan la extensión del incendio a toda la central. La mayoría lo pagará con sus vidas. Seis de ellos, los primeros que murieron, hoy son héroes nacionales de Ucrania. Otros 24 trabajadores fallecen durante las primeras horas. Pocas horas después se registran niveles elevados de radiación en Polonia, Alemania y Austria. El 30 de abril, en Suiza e Italia. El 1 de mayo, en Francia y Gran Bretaña. El 2 de mayo, en Japón. Y el 5 de mayo, a EEUU. El mundo tiembla...."

Monumento a las victimas de la tragedia de Chernobyl en el cementerio de Mitino a las afueras de Moscú.

"...Las reacciones inmediatas
Un minuto después de iniciarse el incendio, la alarma sonó en el cuartel de bomberos que cubría estas instalaciones. Se colocaron sus equipos y se dirigieron al sector siniestrado. El espectáculo que presenciaron resultó dantesco. La instalación estaba envuelta en llamas gigantescas.
Se iniciaba así una lucha heroica que se prolongaría durante tres o cuatro días, para apagar el incendio y evitar que el fuego, se propagara hasta la unidad tres de la central nuclear. Según comentó después el periódico Pravda:
“La lucha contra el infierno resultó titánica. Los bomberos se hundieron con las botas en el asfalto de la central, que se había vuelto una masa movediza. Algunos permanecieron durante horas sobre el techo de la central, intentando detener el fuego que ya había llegado al techo del reactor número tres. Sometidos al calor, al humo asfixiante y a las altas dosis radiactivas, aguantaron más allá del heroísmo, e impidieron que la tragedia adquiera proporciones mucho mayores. Su valor va a costarles la vida a esos aguerridos bomberos”.
No había nada de exagerado en ese relato. Como todo el mundo ha reconocido después, el arrojo de los bomberos y algunos técnicos de la central nuclear en los primeros días que siguieron al accidente, impidió que la tragedia fuera aún mucho mayor. Los operadores de la planta pusieron además los otros tres reactores en refrigeración de emergencia...."

"...Fueron necesarios nueve días de heroico esfuerzo para poder controlar el incendio posterior a la explosión del reactor. La expulsion de material incandescente como consecuencia de la explosión, provocó una treintena de incendios que fueron controlados por los bomberos al cabo de 3 horas y media despues de la explosión, utilizandose para ello fudamentalmente agua. Sin embargo, este exito en el control de dichos incendios se logró a costa de la salud y la vida de muchos de esos bomberos (al menos 30 de ellos murireron por exposición directa a la radiación)..."

"...minutos después del accidente, todos los bomberos militares asignados a la central ya estaban en camino. Las llamas afectaban a varios pisos del reactor 4 y se acercaban peligrosamente al edificio donde se encontraba el reactor 3. El comportamiento heroico de los bomberos durante las tres primeras horas del accidente evitó que el fuego se extendiera al resto de la central. Aún así, pidieron ayuda a los bomberos de Kiev debido a la magnitud de la catástrofe. Los operadores de la planta pusieron los otros tres reactores en refrigeración de emergencia. Dos días después, había 18 heridos muy graves y 156 heridos con lesiones de consideración producidas por la radiación. Todavía no había una cifra del número de muertos, pero un accidente nuclear aumenta día tras día la lista de víctimas, hasta pasados muchos años después..."

Impactante y emotivo relato de la esposa de uno de los bomberos que dieron su vida por minimizar los efectos de la catástrofe.


Monumento a las víctimas del desastre del Chernobil en Luhansk, Ucrania


domingo, 6 de enero de 2008

Día de reyes, no de emperadores

Me preparo para irme de nuevo al exilio, con la pena instalada en mi corazón, pero con la ilusión (no sé si real o no) de que todo lo ocurrido ha de servirme en un futuro, de que he perdido cosas fundamentales para mí en este momento, pero con la esperanza de que lo básico aún exista.

Dejo a mis espaldas muchas vivencias, alguna ilusión, dolor en el alma, miedos, amarguras, errores, confusión, algunas grandes personas y muchos, muchos sentimientos. Y conmigo me llevo los recuerdos de todo, que seguramente me acompañarán toda mi vida, y ganas de que mis ojos comiencen a ver algo de luz para que mis pasos no vacilen continuamente, para que la dirección y el sentido de los mismos no sean totalmente aleatorios.

Hace unos meses tomé una decisión, algo que desde entonces ha marcado el devenir de mi vida, y aunque creí encontrar el bálsamo que podría curar la herida que generé, lo hice demasiado tarde para evitar la muerte de mi felicidad y la pérdida de mi mayor ilusión; página pasada, capítulo acabado. Me guste o no he de aceptar todas las consecuencias que de mi exilio se derivan. Por ahora no existe consecuencia positiva alguna, pero quizás deba esforzarme en encontrarlas o en crearlas.

Ahora estoy triste, muy triste por volver a irme. Lo haré sin despedirme, en silencio, porque ya he hecho demasiado estruendo todos estos días. Me voy con el pensamiento de que le he fallado a mucha gente, de que podía haber hecho las cosas de un modo más correcto, más justo; me voy sintiendo que haciéndolo repito un error del pasado, pero quizás sea mejor para todos. Supongo que eso sólo lo sabré en un futuro.

Y también me voy agradecido. Agradecido a aquellos que estuvieron ahí, que incluso se esforzaron por estar, aquellos que a pesar de todo quisieron hacerme sentir mejor, y también a quien no le importó responder de forma sincera a mis dudas. Gracias a todos y a todas, por quererme a pesar de mí. Hoy es vuestro día, mis reyes y mis reinas. Los tiempos de los emperadores hace tiempo que acabaron.

Ésta es una despedida especial, la dedicada a mi reina morá, de la que nunca querría haberme despedido. Te he amado desde que te conocí, de muchas maneras diferentes y por muchas y variadas razones. Ayer te quise con amor de amigo, hasta hoy te he querido con amor desmedido, ¿Y mañana? Sé que también te querré, al menos como lo hice ayer. Ahora me voy, y aunque conozco el significado que para ti posee la distancia, ¿me querrás tú a mí mañana como lo hiciste ayer, o te habré perdido totalmente para siempre?

sábado, 5 de enero de 2008

Hasta los cojones

Estoy hasta los cojones de todo. Hasta los cojones de ser el puto tonto del pueblo, hasta los cojones de no encontrar mi lugar, hasta los cojones de esforzarme por hacer las cosas bien y que nunca acierte, hasta los cojones de entender a todo el mundo siempre y permitir que valga todo para que luego no se me permita nada, hasta los cojones de tener cara de culo aunque me empeñe en no tenerla, hasta los cojones de esta puta muerte en vida que siento. Hasta los putos cojones de mí.

A eso sumémosle no sólo que no puedo tener lo que quiero, sino que ni siquiera puedo conservar lo que antes tuve, no puedo más que ver cómo la amistad que nunca quise perder está más lejos que antes incluso de habernos conocido, probablemente por mis propios deméritos. ¿También me he cargado eso? ¿Realmente voy a tener que arrepentirme de haber intentado ser feliz? ¿Tan caro me tiene que salir siempre todo?. Estoy harto de todo esto, harto.

Harto también de que todo se haya complicado hasta tal punto que no puedo hablar con nadie de nada, porque hable con quien hable siempre le fallo a otra persona. Harto de que siempre se me mire como si fuera un asesino si doy una opinión mínimamente comprometida de algo o de alguien y sin embargo tener que encajar siempre con una puta sonrisa en la boca todas las auténticas salvajadas que he tenido siempre que escuchar porque los demás sí tienen derecho a decirlas. Harto de que se me malinterprete cualquier cosa que haga, por muy buena intención que tenga, hasta el punto de que la gente ya no sepa si voy o si vengo, si soy sincero y desinteresado, si lo hago por llamar la atención, por colgarme o que me cuelguen medallas, por ir de víctima por el mundo, o si hago todas las cosas por cobrármelo más adelante o poder echarlas en cara el día más propicio. Harto de pensar siempre en los pensamientos y sentimientos de los demás, en respetarlos todo lo que pueda y que a nadie parezca importarle los míos, ni siquiera a mí. Harto de luchar para que todo vaya en la dirección correcta y no sólo salga en sentido contrario, sino que además compruebe que todos mis esfuerzos han generado ese cambio de sentido. Harto de tragar mierda continuamente para que los demás puedan estar mejor y que no me importe. Harto de sentir que sobro siempre, harto de pensar que soy totalmente prescindible. Harto de defender con uñas y dientes a la gente a la que quiero para sólo conseguir quedarme sin dentadura y en muñones y además parecer o demostrar que soy un auténtico gilipollas, mientras que nadie tiene interés en defenderme a mí. Harto de cuidar en extremo la lealtad hacia las personas que confían en mí, protegiéndola como un verdadero tesoro, como si fuese el único imbécil al que le importan esas cosas. Harto de ser de los pocos a los que le parece sumamente importante perder a alguien, y que si ese alguien merece la pena, se hace merecedor de que se sufra y se luche para mantenerle cerca en vez de tenderle un puente de plata y mirar hacia otro lado porque es más sencillo. Harto de ser el único que parece pensar que querer a alguien no tiene por qué significar que esa persona es perfecta y que todo lo que hace está genial, sino que la opinión y el juicio son necesarios y no así la sentencia y la imposición de condena. Harto de verme obligado a hacer cosas que me alejan de la gente que quiero y que me aislan física, mental y sentimentalmente y que nadie se dé cuenta. Harto de levantarme sólo para comprobar lo fácil que me vuelvo a caer. Harto de tener que hacer siempre lo que debo, aunque sea lo contrario a lo que quiero. Harto de recibir de mucha gente lástima e hipocresía cuando estoy mal, mientras lo que espero es sinceridad y apoyo. Harto de sentirme solo, de estar solo y de pensar que es mejor para todos que esté solo. Toda la puta vida igual, viviendo todas estas cosas a lo largo de mi existencia y que seguramente ocultan mucho más. Y lo peor de todo es que me lo tengo merecido, que me lo he ganado a pulso, seguro, porque si hay un culpable de algo siempre acabo siendo yo, el marido de la culpa, que decían que era sotera porque nadie la quería.

¿Qué es lo que hago mal? ¿Por qué no soy merecedor de nada? ¿Tan poco valgo? ¿Dónde puedo encontrar las respuestas? Si hay alguien que las tiene, ¿por qué no me las da de una puta vez, aunque no me guste oirlas? ¿Acaso esa valentía sólo le corresponde a unos pocos? Y lo más gracioso es que no me sale ser un hijo de puta insensible, porque soy incapaz de disfrutar haciéndole daño a los demás, de modo que al final acabo haciéndolo sin intención y sufriendo por ello.

Estoy harto de estar hasta los cojones, y hasta los cojones de estar harto. Quiero volver a ser feliz, joder, si no, no merece la pena, no merezco la pena. Seguramente este exilio no sea suficiente, debería exiliarme definitivamente de la vida, y así todos serían inmensamente más felices. Qué mierda que se me haya acabado el roacutan. A ver si en vez de bajarme la fiebre se me dispara de una puta vez, aunque eso sí, tal y como ocurre habitualmente, se me disparará y saldrá el tiro por la culata.

viernes, 4 de enero de 2008

Escribiendo despacio

Hoy ha sido un día complejo, un día de esos en los que necesitan mucho esfuerzo para discernir si ha sido bueno o malo, un día que comienza muy seguido del día anterior, en el que no pareces tener fuerzas, en el que crees que vas a continuar con la tónica habitual, que no vas a reunir las energías necesarias para afrontarlo. Un día en el que según se va desarrollando te afirmas en la idea de que definitivamente toca arena, en el que te asaltan las dudas sobre tu estrella, sobre tu valía, incluso sobre los tuyos. Uno de esos días en los que, aunque no ocurre nada trágico, todos los pequeños detalles son cuanto menos no buenos.

Y sin embargo te da por negarte a resignarte, te da por reunir inconscientemente todas las fuerzas de las que crees disponer y simplemente lo afrontas, como el guerrero que se encuentra sitiado desde hace demasiado tiempo, ya sin agua ni comida, sin ánimo y sin fuerzas, viendo como sus enemigos simplemente esperan su desfallecimiento y se burlan amagando el ataque final que nunca llega, pero que se aferra a su arma y consigue articular: "Aquí estoy, aún".

Es una victoria mínima, pero es una victoria. Hoy me he enfrentado a mí mismo en varias ocasiones, en pequeñas, nimias batallas, y al menos no he salido derrotado. Algo es algo.

Hoy he impuesto condiciones, he buscado soluciones, he dicho no, he vivido y he dejado vivir, no he cedido como de costumbre, he soportado con la compañía de los fantasmas que otros días me asustaban y estropeaban momentos; y todo eso sin sentir que renunciaba a ser yo mismo, al contrario, porque era yo mismo.

Quizás por eso esta noche, aún totalmente extenuado, me iré tranquilo a descansar sin temer obligatoriamente que mañana habré de perder mis nuevas y viejas batallas. Y todo esto con la recompensa añadida de ver que alguien en alguna situación similar hoy tampoco ha sufrido una derrota. Me alegro enormemente por ti. Descansa. Mañana será otro día que escribir, pero éste ya tiene su punto y seguido, y no ha quedado del todo mal.

miércoles, 2 de enero de 2008

Epidemia

Sé lo que está pasando. Lo sé de sobra, porque yo aún lo sufro, y siento que ahora pueda entenderme mejor, prefería ser un incomprendido. Existen muchas diferencias, pero en su base primitiva es la misma cepa y con los mismos síntomas. Es más fuerte que yo, eso sí, pero además haré lo posible por hacerle la convalecencia lo más breve posible, para intentar ahorrarle parte de lo que yo pasé. Por ejemplo trabajar para que no sienta que deberá pasar esto en soledad. Claro que eso será difícil cuando vuelva a mi exilio, lugar al que nunca debí irme.