lunes, 4 de febrero de 2008

Revuelto

Hoy me he levantado, como dirían los abuelos, que me llevan los demonios. Y es que estas fechas me están sirviendo para recordar. Recordar personas, situaciones y muchos de los momentos que he vivido en estos últimos meses y que me están haciendo empezar a plantearme si ha llegado el momento de dar por terminada mi etapa en la que siempre fue mi tierra.

Para empezar, mañana podría haber sido un día especial, una novena onomástica, ni más ni menos. Cási un tercio de mi vida que hace algo más de cinco meses se fue por el retrete. Aún no sé por qué.

Y por otra parte ayer recibí, después de desearlo durante algo más de un mes, noticias de una persona a la que quiero un güevo, alguien que pertenece a una de mis familias y que temo haber perdido. Por fin. Un correo. Algo es algo. Y es... un reenvío. Un jodido reenvío de mierda que lo único que tiene positivo es que, tras el consecuente cabreo, el tema del mismo me ha dado que pensar, obteniendo material para una reflexión a utilizar en mi trabajo.

Tengo que estar haciendo las cosas rematadamente mal, y lo peor es que no sé dónde están mis errores y cómo puedo subsanarlos; o si ya es demasiado tarde, al menos aprender de ellos para evitarlos si quiero en un futuro. O eso o quizás esté valorando a la gente mucho más de lo que me valoran a mí, más incluso de lo que se merecen. Esta última opción nunca la he aceptado, porque siempre me he vanagloriado de ver cosas, de conocer cosas de la gente (de alguna al menos) que están ahí aunque muchas veces no a simple vista, y que habitualmente compensan las menos agradables, que hacen que mi balanza se incline a querer incorporarlos a alguna de mis familias. Admito la posibilidad de equivocarme en alguna ocasión (aunque el emperador es un dios en la tierra, no me considero infalible al 100%), pero si mi sospecha se verificase mis manos estarían totalmente abrasadas de ponerlas en el fuego por no ir al oculista, por ver lo que realmente no es, por ser cási ciego. Y como dice el dicho que "no hay peor ciego que el que no quiere ver", si esa opción se confirma, tendré que plantearme si no he querido ver, por ejemplo, por cubrir mis necesidades afectivas sin evaluar previamente a los elegidos de manera real y objetiva.

Yo qué sé. Como hace dos días que moderación se fue de carnavales, voy a ver si hago mis cosas sin ella, a ver si viendo doble veo mejor (al ver dos veces). La suerte es que en casa tengo todo lo que necesito para eso, ya que soy el único que se ha quedado este puente en el exilio.

No hay comentarios: