Ayer, el día en el que todo volvió de nuevo a torcerse aún más, aún cuando parecía que no podía; ayer, que fue una mierda de día para mí, tuvo que llegar la noche para acabar siendo coronado (si no lo había sido ya) como el emperador de este exilio.
Fiesta en mi casa con 22 personas (y eso que faltaban 2 por enfermedad y otra por deber inexcusable), cata de vinos, cena, música...
Si no hubiera sido porque tengo que redecidir qué voy a hacer con mi vida, en qué parte del imperio podría ser mi próximo exilio, sabiendo ya de antemano que el colchón de tranquilidad que tenía como último recurso me lo han robado; sabiendo que las posibilidades de mejorar son ínfimas, y las de empeorar las más plausibles; que me puedo quedar fácilmente sin trabajo, único método que tengo, aparte de que me pueda tocar la primitiva, para tener los ingresos económicos que necesito para vivir, entendiendo vivir como aquello que nos permite disfrutar, aprender y desarrollarnos como personas (vamos, que soy alguien que trabaja para vivir, no vivo para trabajar). Teniendo en cuenta que la persona que mejor comprende todo este tipo de situaciones, habituales por otra parte en el discurrir de mi vida, ya no tiene ese rol asignado, pero sin embargo es más que probable que venga en breve a hacerme una visita al exilio; y sin embargo la persona que yo deseaba que me acompañase en estos y otros momentos mucho más felices...
Si, además de eso no se diese la curiosa circunstancia de haber mandado fotos de Vanesssa a varias personas y que la única persona que no me ha respondido, comentado y/o dado señales de vida es la que durante todo este periodo de tiempo desde que este año comenzó está manteniendo la misma actitud, algo que no me explico o no me quiero explicar.
Si no hubiese sido por todo eso, y por lo que me queda aún por exponer, quizás habría disfrutado de mi coronación.
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