Este fin de semana he acabado de convertirme en Robert, el del anuncio del Passat. No coinciden el orden de las cosas ni los nombres, pero sí los hechos en él relatados, así que será una adaptación literaria con personajes creados para el anuncio. Me pensaré cobrar derechos de autor.
Curiosamente lo primero que desapareció de mi vida fue el proyecto de tener coche propio, la primera gran ilusión de mi vida adulta tuvo que ser sustituida por las reformas de una casa que no siento mía. Luego fue tener que renunciar a tener hijos por estar con alguien que no los quería. Tras esto llegaron la novia y el perro que nunca llegué a tener, al cambiarlos por el exilio de un trabajo que podría haberme dado alas, pero que tras hacerme perder tanto parece querer darme la espalda y convertirse en el trabajo que nunca tendré. Sólo faltaba algo: el viaje que nunca haré.
Todo esto carece ya de importancia (salvo que demuestra que hay coincidencias en todo, sólo hay que empeñarse en encontrarlas). Es mi pasado, y salvo que éste nos condiciona y nos moldea, hay que dejarlo atrás y mirar al hoy, aunque ese mundo luminoso y de filtro azul que es el de las cosas que nunca hice sea más hermoso que el mundo de noche fría con el coche pinchado en mitad de una carretera de mala muerte que es el hoy. Hoy todo ha sido diferente. He empezado el día haciendo llorar a dos personas en menos de una hora, una compañera y una cliente. Bienvenidos a la magia de la vida.
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