lunes, 24 de diciembre de 2007

Muerte por dentro

Quizás el ser humano sea el único animal que ciertamente tropieza dos veces con la misma piedra. Y sabiéndolo... ¿por qué tenemos esa tendencia a buscar el siguiente tropiezo? ¿Acaso pensamos que la siguiente vez el golpe será menor? ¿que la piedra no va a hacernos daño? ¿que podremos atravesarla si chocamos contra ella con mayor violencia?

¿Cómo es posible que estando ya vacío del todo haga tanto daño como la primera vez? ¿Es posible que el dolor ocupe todo el hueco que encuentra a su alrededor?

Nunca debí salir del exilio. Nunca debí dejarle la puerta abierta a la ilusión, porque en cuanto se quiso asomar se convirtió en la piedra en la que tropezar de nuevo. Y sigue doliendo. Tanto como la primera vez, tanto como las otras veces, tanto como para desgarrarme todos los tejidos de mi cuerpo, tanto como para romper todos los elementos óseos de mi interior. Coger de nuevo impulso para tropezar sólo hace que las heridas antiguas se abran otra vez, y que surgan daños nuevos.

Y ahora... ¿qué? ¿Volver a empezar? ¿De la misma forma? ¿O me invento otra? ¿Me exilio totalmente hasta que me pierda a mí mismo de vista? ¿Es posible eso? Sólo se me ocurre una manera, y no creo que sea la más adecuada. La otra ya la conozco, y por lo visto no ha funcionado.

Mi exilio fue mi muerte, pero al final va a ser mi única tabla de salvación. Estoy perdido, estoy solo, estoy cansado, estoy... un poco más muerto. Quizás cuando llegue al final vea cerca donde todo empieza.

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