Tras la lucha viene el recuento de bajas.
El yo racional ha matado al yo sentimental. Amigos que iban de la mano se han enfrentado con resultado fatídico para el más débil. Pero como en todas las guerras, los daños colaterales son cuantiosos, excesivos.
Quizás la herida abierta en la lucha acabó con ambos, pero las consecuencias las sufren todos. Ni siquiera en eso he sabido ser justo.
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