miércoles, 6 de agosto de 2008

A veces el amor...

Un lobo le dijo a un niño que con su carne tierna
iba a pasar el invierno.
El niño le dijo al lobo que sólo comiera una pierna
porque siendo aún tan tierno
iba a necesitar muy pronto que estuviera bien cebado
pues llegaría un momento
en que, aunque cojito, necesitaría un asado
de lobo como alimento.
Se miraron, se olisquearon y sintieron tanta pena
de tener que hacerse daño
que se pusieron de acuerdo para repetir la escena
evitándose el engaño
de que para sobrevivir dos personas que se quieran
sea siempre necesario
que, al margen de sus afectos, unos vivan y otros mueran.

Sírvales de corolario
que ambos de hambre murieron, para aquellos que hoy lo lean.

Este poema fue escrito, según el escritor Alberto Méndez en el libro que acabo de leer, por Eulalio Ceballos Suárez poco antes de morir de hambre y frío junto a su hijo de pocos meses en una braña de Somiedo durante el invierno de 1940. Independientemente de su significado dentro de la historia personal de dicho personaje (impactante, dura, desgarradora...), el poema me encanta y creo que tiene distintas lecturas para otros momentos y situaciones, para otro tipo de relaciones, para otros amores. Cuan certero parece cuando el hambre de cada uno no se sacia con el otro. Al final, para no morir de necesidades insatisfechas, uno devora al otro y/o viceversa, y siguen ambos su camino.

sábado, 26 de julio de 2008

Sin patria y sin bandera

No por ser más esperado deja de molestar. Y es que el resultado de mi intento de obtener una documentación estable para dejar de andar de exilio en exilio tuvo el mejor de los resultados esperados, que dista mucho de ser el deseado. Y jode.
Jode comprobar por ene-ésima vez que uno no es pesimista, sino realista, y si acerté con tanta maestría esta vez, al igual que las anteriores, temo acertar el resto de las veces que he predicho algo a ese respecto. Porque entonces las perspectivas no son halagüeñas en absoluto.
Jode también constatar que poco más habría podido hacer aún habiéndome esforzado. El tema está montado como está, y temo conocer demasiado bien el sistema como para sorprenderme en demasía, y menos para bien.
Y jode, como siempre, pasar esto en la más absoluta soledad, porque a nadie más que a mí le importa, porque los demás también tienen sus propios problemas y sus propias alegrías, sus propias ilusiones truncadas o activas, sus ratos de vino y rosas, sus sinsabores y su hiel, sus vidas en definitiva. Y yo no pertenezco a ellas. Nada puedo pedir, así que nada pido; y ya he aprendido que a veces es mejor no pedir, no vaya a ser que se nos conceda lo que deseamos y tengamos que soportar las consecuencias.
Tengo ganas de irme. De largarme de aquí antes de que estas cuatro paredes se hundan completamente sobre mí, y de que esa sensación, la soledad, se convierta en lo único que vaya a sentir a mi alrededor en mucho tiempo, el que probablemente tenga que pasarme aquí sin poder realizar labor alguna. Porque la otra opción tampoco es muy esperanzadora, aquella que me ha perseguido durante bastantes años, consistente en que me envíen a otro exilio justo cuando empiece a estar a gusto de nuevo aquí.
Mis raíces no prenden, porque o bien me trasplantan cuando empiezo a asentarme, o bien la tierra queda yerma y nunca es abonada y regada. Ya no me siento de aquí porque mi corazón no me ata a estas gentes, y la tierra, aunque sigue siendo reclamo, parece empeñarse en enterrarme.
En fin, habrá que sonreir de nuevo y fingir que ya ni el diamente raya este espíritu. Quizás de tanto demostrarlo logre que sea cierto.

miércoles, 4 de junio de 2008

Vencerás

Ya ha llovido mucho desde la última vez que publiqué algo, y es que mi vida social y laboral no ha hecho más que mantenerse o incluso crecer.
Aunque tengo una entrada en mente desde hace tiempo, creo que no es mal momento (nunca lo es) para superar el egocentrismo que suele invadir los blogs y dedicarle una entrada en especial a alguien, alguien a quien he conocido un día, de esto hace ya al menos un par de meses; una jovencita de sesenta y pocos años que lleva un par de semanas luchando entre la vida y la muerte, alguien que me abrió las puertas de su casa sin conocerme, por la simple razón de que acompañaba a su hijo y a su nuera.
Ella, desde la UCI representa la mayor preocupación de muchas personas, pero entre otras de uno de los matrimonios que componen mi familia en el exilio, una familia cercana y protectora que dentro de poco dejará de formar parte de mi vida para formar parte de mi pasado. Es uno de los sinsabores que ofrecen mis exilios, uno de varios que sirve en bandeja mi vida de ave de paso. Pero siguen y seguirán siendo una de mis familias, y quiero y deseo que estén lo mejor posible.
Ojalá algún día sea capaz de demostrar mejor todo mi cariño y mi afecto a los que me rodean; por ahora no queda más constancia que estas palabras que nadie leerá. Mucho ánimo y mucha fuerza para todos. Os quiero más de lo que os podáis creer.