Ya ha llovido mucho desde la última vez que publiqué algo, y es que mi vida social y laboral no ha hecho más que mantenerse o incluso crecer.
Aunque tengo una entrada en mente desde hace tiempo, creo que no es mal momento (nunca lo es) para superar el egocentrismo que suele invadir los blogs y dedicarle una entrada en especial a alguien, alguien a quien he conocido un día, de esto hace ya al menos un par de meses; una jovencita de sesenta y pocos años que lleva un par de semanas luchando entre la vida y la muerte, alguien que me abrió las puertas de su casa sin conocerme, por la simple razón de que acompañaba a su hijo y a su nuera.
Ella, desde la UCI representa la mayor preocupación de muchas personas, pero entre otras de uno de los matrimonios que componen mi familia en el exilio, una familia cercana y protectora que dentro de poco dejará de formar parte de mi vida para formar parte de mi pasado. Es uno de los sinsabores que ofrecen mis exilios, uno de varios que sirve en bandeja mi vida de ave de paso. Pero siguen y seguirán siendo una de mis familias, y quiero y deseo que estén lo mejor posible.
Ojalá algún día sea capaz de demostrar mejor todo mi cariño y mi afecto a los que me rodean; por ahora no queda más constancia que estas palabras que nadie leerá. Mucho ánimo y mucha fuerza para todos. Os quiero más de lo que os podáis creer.
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