Al menos sé que no era por miedo a estar solo, a vivir solo.
viernes, 11 de enero de 2008
lunes, 7 de enero de 2008
Homenaje a su cuerpo más amado y admirado

Hace unos meses conocí a un chico que había recorrido mundo de mochilero. Había estado en China, en Polonia, en Ucrania... y me contó que en ésta última había hecho una visita a Chernobil. En ella vió un monumento dedicado a un grupo de bomberos, aunque existen muchos otros a lo largo de toda la línea de países alrededor de la tristemente conocida central nuclear. Esta historia, que ahora documento con fragmentos de informaciones de prensa recogidos en internet, me habría gustado contársela a alguien, pero sería tan bella como triste para dicha persona, y además no sé si algún día tendré la oportunidad de hacerlo. Por ahora la dejaré aquí, a la espera de que esa oportunidad se produzca, para que no caiga en el olvido.
"...Como sabéis, el día 26 de Abril de 1986 Bielorrusia fue la parte más contaminada por el desastre de la Central Nuclear de Chernobil, que se puede comparar con el lanzamiento de 500 BOMBAS ATÓMICAS. Los primeros muertos tras el desastre fueron 29 bomberos que están enterrados en el cementerio de Mitinskoie de Moscú..."
"...Aquel sábado de 1986, tras el estallido y el incendio se llamó primero a los bomberos quienes, al precio de sus vidas, evitaron que el desastre alcanzara el reactor 3. Hoy en la entrada a Chernobyl, un monumento sencillo los recuerda..."
"Bueno, el bus llega a la ciudad de Chornobyl. Ustedes encontrarán esta palabra escrita de otra manera: Chernobyl. Es porque está transliterada del ruso. El nombre en ucraniano significa “ajenjo” que en la tradición ucraniana siempre simbolizaba la desgracia, la amargura. Es como si el que puso este nombre a la población supiera el destino que le tocaría.

En la entrada de la ciudad los recibe este monumento a los primeros bomberos que dieron sus vidas para proteger a todo el mundo de la tragedia. 28 personas-héroes murieron pocos días después de tratar de luchar contra el accidente... "
"...Los bomberos quedaron a merced de la radiación
Miles de bomberos y soldados que arriesgaron sus vidas para sofocar el incendio en la central nuclear ucraniana de Chernóbil rememoran la catástrofe "olvidados" por las autoridades.
"En Ucrania, en esa época del año ya hace bastante calor, por lo que fuimos a apagar el fuego en mangas de camisa", declaró Víctor Birkún, de 56 años, bombero que trabajó en la siniestrada central ucraniana entre 1976 y 1987.
Birkún y otros 27 bomberos descansaban en un barracón a 150 metros del reactor número cuatro de la planta nuclear ucraniana cuando se produjo la cadena de explosiones.
A pesar de que el fatídico accidente ocurrió durante la noche, apunta, "en tres minutos ya estábamos frente a las llamas, que tenían unos 50 metros de altura".
"Eramos conscientes de que había radiación, pero no sabíamos qué hacer. No estábamos preparados y no disponíamos ni de cascos ni de equipos ignífugos", agregó.
Birkún recuerda que tres años antes hubo una pequeña fuga radiactiva en Chernóbil, que afectó a uno de sus compañeros, pero " ignoraron nuestras advertencias".
El jefe de su unidad de bomberos murió en la misma central de Chernóbil, la mayoría de sus compañeros han fallecido en los últimos años y él yace estos días en el hospital, con tratamiento médico (40 dólares diarios) que costea de su bolsillo.
"No soy ningún héroe, cumplí con mi deber. Ahora, no puedo ni llevar las bolsas de la compra del supermercado, las piernas no me responden", asegura el bombero retirado.
Birkún, que ha tenido que acudir a juicio para poder recibir una pensión por invalidez, ha escrito al presidente ruso, Vladimir Putin, para intentar que el Estado ruso sufrague su tratamiento médico.
"No tengo dinero ni para comprar nuevos muebles. La condecoración que recibí en su momento no me da derecho a recibir ninguna indemnización", asegura..."
"...Madrugada, sábado 26 de abril de 1986, 01.23 horas. Explosiones en cadena en el cuarto reactor de la central de Chernóbil. Un experimento, que simula el corte en el suministro eléctrico, provoca el mayor accidente nuclear de la Historia. Error humano: los operadores violan hasta seis normativas de seguridad. El agua de refrigeración comienza a hervir desde su base, se evapora y estalla el hidrógeno acumulado dentro del núcleo. Vuela la tapa del reactor, que pesa mil toneladas. El núcleo arde al rojo vivo. La temperatura alcanza 2.500 grados. Veintiocho bomberos evitan la extensión del incendio a toda la central. La mayoría lo pagará con sus vidas. Seis de ellos, los primeros que murieron, hoy son héroes nacionales de Ucrania. Otros 24 trabajadores fallecen durante las primeras horas. Pocas horas después se registran niveles elevados de radiación en Polonia, Alemania y Austria. El 30 de abril, en Suiza e Italia. El 1 de mayo, en Francia y Gran Bretaña. El 2 de mayo, en Japón. Y el 5 de mayo, a EEUU. El mundo tiembla...."
Monumento a las victimas de la tragedia de Chernobyl en el cementerio de Mitino a las afueras de Moscú."...Las reacciones inmediatas
Un minuto después de iniciarse el incendio, la alarma sonó en el cuartel de bomberos que cubría estas instalaciones. Se colocaron sus equipos y se dirigieron al sector siniestrado. El espectáculo que presenciaron resultó dantesco. La instalación estaba envuelta en llamas gigantescas.
Se iniciaba así una lucha heroica que se prolongaría durante tres o cuatro días, para apagar el incendio y evitar que el fuego, se propagara hasta la unidad tres de la central nuclear. Según comentó después el periódico Pravda:
“La lucha contra el infierno resultó titánica. Los bomberos se hundieron con las botas en el asfalto de la central, que se había vuelto una masa movediza. Algunos permanecieron durante horas sobre el techo de la central, intentando detener el fuego que ya había llegado al techo del reactor número tres. Sometidos al calor, al humo asfixiante y a las altas dosis radiactivas, aguantaron más allá del heroísmo, e impidieron que la tragedia adquiera proporciones mucho mayores. Su valor va a costarles la vida a esos aguerridos bomberos”.
No había nada de exagerado en ese relato. Como todo el mundo ha reconocido después, el arrojo de los bomberos y algunos técnicos de la central nuclear en los primeros días que siguieron al accidente, impidió que la tragedia fuera aún mucho mayor. Los operadores de la planta pusieron además los otros tres reactores en refrigeración de emergencia...."
"...Fueron necesarios nueve días de heroico esfuerzo para poder controlar el incendio posterior a la explosión del reactor. La expulsion de material incandescente como consecuencia de la explosión, provocó una treintena de incendios que fueron controlados por los bomberos al cabo de 3 horas y media despues de la explosión, utilizandose para ello fudamentalmente agua. Sin embargo, este exito en el control de dichos incendios se logró a costa de la salud y la vida de muchos de esos bomberos (al menos 30 de ellos murireron por exposición directa a la radiación)..."
"...minutos después del accidente, todos los bomberos militares asignados a la central ya estaban en camino. Las llamas afectaban a varios pisos del reactor 4 y se acercaban peligrosamente al edificio donde se encontraba el reactor 3. El comportamiento heroico de los bomberos durante las tres primeras horas del accidente evitó que el fuego se extendiera al resto de la central. Aún así, pidieron ayuda a los bomberos de Kiev debido a la magnitud de la catástrofe. Los operadores de la planta pusieron los otros tres reactores en refrigeración de emergencia. Dos días después, había 18 heridos muy graves y 156 heridos con lesiones de consideración producidas por la radiación. Todavía no había una cifra del número de muertos, pero un accidente nuclear aumenta día tras día la lista de víctimas, hasta pasados muchos años después..."
Impactante y emotivo relato de la esposa de uno de los bomberos que dieron su vida por minimizar los efectos de la catástrofe.
Monumento a las víctimas del desastre del Chernobil en Luhansk, Ucrania
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Lo que significa el exilio
domingo, 6 de enero de 2008
Día de reyes, no de emperadores
Me preparo para irme de nuevo al exilio, con la pena instalada en mi corazón, pero con la ilusión (no sé si real o no) de que todo lo ocurrido ha de servirme en un futuro, de que he perdido cosas fundamentales para mí en este momento, pero con la esperanza de que lo básico aún exista.
Dejo a mis espaldas muchas vivencias, alguna ilusión, dolor en el alma, miedos, amarguras, errores, confusión, algunas grandes personas y muchos, muchos sentimientos. Y conmigo me llevo los recuerdos de todo, que seguramente me acompañarán toda mi vida, y ganas de que mis ojos comiencen a ver algo de luz para que mis pasos no vacilen continuamente, para que la dirección y el sentido de los mismos no sean totalmente aleatorios.
Hace unos meses tomé una decisión, algo que desde entonces ha marcado el devenir de mi vida, y aunque creí encontrar el bálsamo que podría curar la herida que generé, lo hice demasiado tarde para evitar la muerte de mi felicidad y la pérdida de mi mayor ilusión; página pasada, capítulo acabado. Me guste o no he de aceptar todas las consecuencias que de mi exilio se derivan. Por ahora no existe consecuencia positiva alguna, pero quizás deba esforzarme en encontrarlas o en crearlas.
Ahora estoy triste, muy triste por volver a irme. Lo haré sin despedirme, en silencio, porque ya he hecho demasiado estruendo todos estos días. Me voy con el pensamiento de que le he fallado a mucha gente, de que podía haber hecho las cosas de un modo más correcto, más justo; me voy sintiendo que haciéndolo repito un error del pasado, pero quizás sea mejor para todos. Supongo que eso sólo lo sabré en un futuro.
Y también me voy agradecido. Agradecido a aquellos que estuvieron ahí, que incluso se esforzaron por estar, aquellos que a pesar de todo quisieron hacerme sentir mejor, y también a quien no le importó responder de forma sincera a mis dudas. Gracias a todos y a todas, por quererme a pesar de mí. Hoy es vuestro día, mis reyes y mis reinas. Los tiempos de los emperadores hace tiempo que acabaron.
Ésta es una despedida especial, la dedicada a mi reina morá, de la que nunca querría haberme despedido. Te he amado desde que te conocí, de muchas maneras diferentes y por muchas y variadas razones. Ayer te quise con amor de amigo, hasta hoy te he querido con amor desmedido, ¿Y mañana? Sé que también te querré, al menos como lo hice ayer. Ahora me voy, y aunque conozco el significado que para ti posee la distancia, ¿me querrás tú a mí mañana como lo hiciste ayer, o te habré perdido totalmente para siempre?
Dejo a mis espaldas muchas vivencias, alguna ilusión, dolor en el alma, miedos, amarguras, errores, confusión, algunas grandes personas y muchos, muchos sentimientos. Y conmigo me llevo los recuerdos de todo, que seguramente me acompañarán toda mi vida, y ganas de que mis ojos comiencen a ver algo de luz para que mis pasos no vacilen continuamente, para que la dirección y el sentido de los mismos no sean totalmente aleatorios.
Hace unos meses tomé una decisión, algo que desde entonces ha marcado el devenir de mi vida, y aunque creí encontrar el bálsamo que podría curar la herida que generé, lo hice demasiado tarde para evitar la muerte de mi felicidad y la pérdida de mi mayor ilusión; página pasada, capítulo acabado. Me guste o no he de aceptar todas las consecuencias que de mi exilio se derivan. Por ahora no existe consecuencia positiva alguna, pero quizás deba esforzarme en encontrarlas o en crearlas.
Ahora estoy triste, muy triste por volver a irme. Lo haré sin despedirme, en silencio, porque ya he hecho demasiado estruendo todos estos días. Me voy con el pensamiento de que le he fallado a mucha gente, de que podía haber hecho las cosas de un modo más correcto, más justo; me voy sintiendo que haciéndolo repito un error del pasado, pero quizás sea mejor para todos. Supongo que eso sólo lo sabré en un futuro.
Y también me voy agradecido. Agradecido a aquellos que estuvieron ahí, que incluso se esforzaron por estar, aquellos que a pesar de todo quisieron hacerme sentir mejor, y también a quien no le importó responder de forma sincera a mis dudas. Gracias a todos y a todas, por quererme a pesar de mí. Hoy es vuestro día, mis reyes y mis reinas. Los tiempos de los emperadores hace tiempo que acabaron.
Ésta es una despedida especial, la dedicada a mi reina morá, de la que nunca querría haberme despedido. Te he amado desde que te conocí, de muchas maneras diferentes y por muchas y variadas razones. Ayer te quise con amor de amigo, hasta hoy te he querido con amor desmedido, ¿Y mañana? Sé que también te querré, al menos como lo hice ayer. Ahora me voy, y aunque conozco el significado que para ti posee la distancia, ¿me querrás tú a mí mañana como lo hiciste ayer, o te habré perdido totalmente para siempre?
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