viernes, 28 de diciembre de 2007

No encuentro el momento pa olvidar

Sé que hay vida más allá de esta muerte, lo sé. Sé que me reencarnaré, que esto formará parte de una vida anterior, y muy probablemente tenga en esa vida posterior dicha y felicidad. No es la primera ni será por desgracia mi última muerte. Pero mientras tanto mi alma yace a mis pies, junto con mis ilusiones; pisoteadas por tanto dolor desfilando sobre ellas. Nadie sabrá explicarles nunca por qué en esta vida no, por qué alguien les cambió la felicidad por la pena, por qué se perdieron vivir algo bueno. Todo llega, lo sé, pero no me consuela. Nada me consuela.

Maldigo al destino, a Diós, a Alá y a todo aquel posible responsable del sufrimiento que acecha a la humanidad. El mío no representa nada en comparación, salvo ser la razón del fin de esta vida mía y me parece totalmente insoportable. Una gran inocentada macabra.

Seguro que en el fondo me lo he ganado a pulso. No mereces algo si no vas a saber mantenerlo y cuidarlo, o si no sabes después sufrir las consecuencias; y mucho menos si ese algo es tan preciado. Tras esto sólo queda aprender la lección, pero ni siquiera eso he sabido.

Soy muy consciente de lo que he perdido y lo que he ganado en todo este tiempo. Lo he repasado absolutamente todo de manera minuciosa, y creo además tener datos suficientes como para creer en tener un criterio mínimamente aceptable a la hora de llenar las bandejas en la báscula. Y en lo bueno se engloba toda la gente que forma parte de mi vida, toda la que a pesar de mí quieren pertenecer a ella, toda la que aún a pesar de todo sigue ahí, y también toda la que no he sabido conservar pero aún sigo queriendo. Les debo tanto que no sé si algún día seré capaz de compensarles. Está claro que ahora soy demasiado injusto con ellos, porque sus esfuerzos no sé agradecerlos como se merecen. Probablemente mi hermano tenga razón cuando dice que soy un gollum de los sentimientos y de las emociones. Quizá me empeñe en no mirar hacia delante y olvidar, siga fijándome sólo en lo que llena el lado malo, pero estoy tan inundado de desazón y de pena destrozándome las entrañas que no lo encuentro, no encuentro el puto momento.



Este blog nunca será una práctica, y por desgracia temo que nunca llegue a ser un blog feliz. Este blog morirá conmigo y me acompañará en mi camino hasta que me reencarne de nuevo, o bien hasta que mi alma se pierda para siempre.

jueves, 27 de diciembre de 2007

lunes, 24 de diciembre de 2007

Muerte por dentro

Quizás el ser humano sea el único animal que ciertamente tropieza dos veces con la misma piedra. Y sabiéndolo... ¿por qué tenemos esa tendencia a buscar el siguiente tropiezo? ¿Acaso pensamos que la siguiente vez el golpe será menor? ¿que la piedra no va a hacernos daño? ¿que podremos atravesarla si chocamos contra ella con mayor violencia?

¿Cómo es posible que estando ya vacío del todo haga tanto daño como la primera vez? ¿Es posible que el dolor ocupe todo el hueco que encuentra a su alrededor?

Nunca debí salir del exilio. Nunca debí dejarle la puerta abierta a la ilusión, porque en cuanto se quiso asomar se convirtió en la piedra en la que tropezar de nuevo. Y sigue doliendo. Tanto como la primera vez, tanto como las otras veces, tanto como para desgarrarme todos los tejidos de mi cuerpo, tanto como para romper todos los elementos óseos de mi interior. Coger de nuevo impulso para tropezar sólo hace que las heridas antiguas se abran otra vez, y que surgan daños nuevos.

Y ahora... ¿qué? ¿Volver a empezar? ¿De la misma forma? ¿O me invento otra? ¿Me exilio totalmente hasta que me pierda a mí mismo de vista? ¿Es posible eso? Sólo se me ocurre una manera, y no creo que sea la más adecuada. La otra ya la conozco, y por lo visto no ha funcionado.

Mi exilio fue mi muerte, pero al final va a ser mi única tabla de salvación. Estoy perdido, estoy solo, estoy cansado, estoy... un poco más muerto. Quizás cuando llegue al final vea cerca donde todo empieza.