Al igual que hay gente que vive por encima de sus posibilidades económicas, yo vivo muy por encima de la vida real que me corresponde. Vivo como si fuera un funcionario de los de los chistes, como si mi vida ya estuviera totalmente establecida y asegurada, y voy corriendo de juerga en juerga cual juglar, jocker o comodín; de evento en evento, e incluso organizando la mayor parte de estos.
Llevo una vida desenfrenada, loca, sin la compañía de moderación alguna; y sé que lo hago para no enfrentarme a la cruda realidad, como si fuera un inmigrante marroquí que se mete litros de disolvente para no recordar que en realidad debería estar currándose su futuro como un animal; porque nadie le va a regalar nada si él no se lo curra muy mucho, y aún así nadie le puede asegurar el éxito, porque está jodido para todo el mundo, así que aún más lo estará para un ignorante y pobre extranjero pobre e ignorante.
Como todos los años en estas fechas toca hacer balance del tiempo aprovechado en este exilio y de planificar cuáles pueden ser los próximos. Como siempre, el balance no sólo es estresante y negativo, sino que además no hago más que encontrarme con portazos en las narices cada vez que miro a qué exilios podré llamar. Muy difícil, muy complicado o incluso imposible en bastantes casos, muchos inconvenientes, muchas inseguridades. La misma guerra que librar, completamente solo y con la desesperante certeza de que mis dudas nadie me las podrá despejar de forma segura y concluyente. Como ya no tengo acceso a aquello que siempre me sirvió de apoyo, bálsamo y acicate, y ya ni siquiera los últimos recursos encontrados me han funcionado; doy rienda suelta a mi terquedad y mi desánimo y me planteo comerme la mierda anestesiando mis sentidos y mi mente. No creo que estar borracho y colocado durante tres días con sus noches haya mejorado en nada todo eso, salvo el hecho de no haber pensado demasiado en ello durante dicho periodo; pero como siga utilizando este método de enfrentamiento a mis problemas gordos, acabaré siendo expulsado de la piel de toro cual infame infiel hereje o sin papeles norteafricano.
¿Sobreviviré a ésta? Pues supongo que como casi siempre la respuesta es sí. Siempre sobrevivimos a todas... menos a la última. Quizás por eso siempre es el tiempo el que nos saca de la duda, porque después de pasado cierto tiempo se descubre si fue la última definitiva o era la mítica penúltima que todos nos tomamos en los bares, una tras otra.
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